Historia de un retrato ©,2011 (pinhole)
Pocas veces un retrato requiere tanta atención. El diafragma de puertas abiertas, el retratado muy quieto y el colodión dejándose llenar de la luz de una tarde pastosa.
Mientras tanto, en otro lugar de la escena un tarro de galletas Bretonas, convertido en camera oscura, procura hacer la misma operación pero con distinta pretensión; la verdad es que al final lo grande vino más tarde, en el cuarto oscuro. Una extraña sensación de teatralidad, la puesta en escena casi acartonada y una atmósfera de fugacidad absoluta, se apoderaron del papel sensible y de las almas sensibles también. Al final, pensé, un retrato no es solo un retrato; es mucho más, es la suma de un “yo quiero” con un “no se” y con muchos “porqués”. Es la suma de los éxitos y fracasos de la vida que necesitan un pretexto y algo de luz para expresarse.
Cayó la tarde y recogimos, el colodión se hizo por otro lado, los modelos se fueron a casa y los bártulos apoyados contra la pared dejaron de ser útiles. Solo el espacio mudo pudo llenarse otra vez al día siguiente cuando la luz nueva proponía otras soluciones…