De lo perecedero y transitorio,©2011
Pocas serán las horas que suscriban un transito igual; pocas las que quiebren las normas de lo que dura y lo que perece. Una voz como de mentiras resuena en el trasfondo de una imagen. Y es tan poco, tan débil como un signo o una rama que el árbol deja caer en otoño. Es un quimera, el deseo de retener en esta luz los ases de la partida, los amargos corazones quebrados en los juegos de naipe, en las estanterías. Y las ramas son la sombra, otra vez la sombra que aspira a proyectarse. Una y otra vez.











